A 15 años del gran terremoto (M 9.1) y tsunami de Tohoku-Oki, Japón del 11 de marzo de 2011.

Loading

Recordando sus efectos en México.

Por Mtra. Martha C. Marín Contreras

Geocaps Consultoría Capacitación y Cursos

https://orcid.org/0009-0005-3624-1871

Correo electrónico: martha.63marin@gmail.com

1.-Antecedentes

El terremoto de Tohoku-Oki, Japón, de magnitud 9.1, ocurrió el viernes 11 de marzo de 2011, a las 14:46 hora local y con duración de 6 minutos aproximadamente. Su epicentro se ubicó en el mar frente a la costa noreste de Honshu, 130 km al este de Sendai, en la prefectura de Miyagi y tuvo lugar en la zona de contacto entre las placas del Pacifico y Norteamericana. (Fig. 1).  La ruptura del sismo se extendió 550 kilómetros de largo y 150 de ancho, con un deslizamiento máximo de más de 50 metros, 10 kilómetros bajo el lecho marino. Generó un tsunami devastador con olas de más de 40 metros que impactaron gravemente la infraestructura y causaron miles de muertes en la región.

Este potente sismo junto con el tsunami que le siguió, causó la muerte de 23000 personas, la mayoría como consecuencia de este último y las pérdidas causadas por la catástrofe se estimaron entre 100 y 500 mil millones de dólares de las cuales más del 60% son consecuencia del tsunami y de acuerdo a Cruz Atienza (2015), este evento es considerado el cuarto sismo más grande que haya sido registrado en la historia de la humanidad.

Fig. 1. El punto amarillo más grande muestra el epicentro del gran terremoto (M 9.1) de Tohoku-Oki, Japón del 11 de marzo de 2011 y sus réplicas. Las líneas rojas muestran las fallas que forman los límites de las placas tectónicas Norteamericana y del Pacifico, las flechas amarillas muestran su movimiento relativo. (Crédito: Earth Observatory of Singapore, 2011)

En el caso del gran terremoto de Tohoku-Oki, el tsunami se generó a unos 100 kilómetros metros de la costa debido a un levantamiento del fondo oceánico de hasta 3 metros en el epicentro, generando olas que en promedio midieron 6 metros a lo largo de la costa norte de la península de Oshika, alcanzaron hasta cerca de 40 metros de altura en Miyako, dentro de la prefectura de lwate, devastando todo a su paso hasta una distancia de 10 kilómetros tierra adentro. Las primeras imágenes que llegaban desde Japón mostraban cómo el agua y el lodo, arrasaban con edificios, autos, barcos y cultivos (Fig. 2).

Fig. 2. La fuerza con la que se adentra el mar en la tierra se lleva consigo a autos y barcos en la ciudad de Asahikawa, Japón, el 11 de marzo de 2011.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/03/110311_galeria_japon_terremoto_tsunami_aw

Una de las consecuencias más dramáticas del tsunami fue la destrucción parcial de la central nuclear de Fukushima Daiichi que, sin el suministro necesario de energía eléctrica para el enfriamiento de los reactores después del sismo sufrió explosiones en al menos tres reactores, provocando una evacuación masiva en un radio de 10 kilómetros a la redonda.

2.- Efectos del tsunami de Japón del 11 de marzo de 2011 en la costa occidental de México.

De acuerdo al Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE, 2011, Ortiz y Ortiz, 2021), se recibió la información preliminar del evento y consideró un terremoto de magnitud 9.0 como umbral de máxima peligrosidad desde el punto de vista del pronóstico, por lo cual generó un boletín de los efectos del tsunami para la costa occidental de México, en donde se puntualizaba tanto el tiempo de arribo como la altura esperada del tsunami de origen lejano en varios puertos de la costa del pacífico mexicano y que se consideraba de peligro moderado.  

En la Fig.3, se observa el pronóstico de la propagación del tsunami en las aguas del océano Pacífico realizado por CICESE, durante las primeras horas de haberse originado el terremoto y tsunami de Japón.

Fig. 3. Resultados del modelo de propagación del tsunami de Japón del 11 de marzo del 2011. Los puntos negros indican los lugares (boyas) en donde se obtuvieron los registros de este tsunami en mar abierto Las mayores alturas del frente de onda del tsunami se indican hacia el color rojo. La propagación del frente del tsunami se indica con líneas de fase a intervalos de una hora. A la derecha se indica la altura del tsunami en puertos mexicanos (Créditos: Ortiz y Ortiz, 2021).

En general, se estimaba que el tsunami estaría contenido entre los niveles de pleamar y bajamar, pudiendo sobrepasar en caso extremo hasta con un metro, el nivel de la pleamar en algunas localidades. Cabe mencionar que aun cuando no se esperaban inundaciones por tsunami, sí se esperaban corrientes fuertes en las playas y de peligro para los bañistas por el efecto de los cambios rápidos en nivel del mar.

Con esa información y  desde las primeras horas del 11 de marzo,  se recibió en la Coordinación General de Protección Civil, (anteriormente vinculada a la Secretaria de Gobernación),  se iniciaron las acciones con las medidas pertinentes ante tal situación de emergencia por parte de los dependencias e integrantes del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) y de común acuerdo con el CENAPRED, el SSN y la SEMAR,  se procedió a enviar boletines de alerta del tsunami a las Unidades Estatales de Protección Civil, mismas que en su totalidad actuaron en tiempo y forma al instalar un operativo de seguridad en los puertos y en las playas hasta por un lapso de tiempo de 12 horas después de las primeras olas del tsunami.

En general se estimaba que el tsunami estaría contenido entre los niveles de pleamar y bajamar, pudiendo sobrepasar en caso extremo hasta con un metro el nivel de la pleamar en algunas localidades.

Por otra parte, comparto que en ese año, todavía como miembro activo de la Secretaría de Marina (SEMAR), fui parte del equipo de trabajo, mientras se creaba oficialmente el Centro de Alerta de Tsunamis, que le dio seguimiento permanente durante ese 11 de marzo de 2011, a la alerta de tsunami y que tuve la gran experiencia de participar activamente, en el análisis de la información que fue emitida por el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico (PTWC, por sus siglas en inglés),  donde se mantuvo comunicación con las  principales autoridades navales y del SINAPROC, para que recibieran información actualizada con las horas estimadas de arribo a su jurisdicción, ya que con el transcurrir de las horas se tendría que evaluar las condiciones del nivel del mar para cancelar la emisión de los boletines de alertamiento. 

Por ejemplo, en Ensenada, Baja California, se esperaba la llegada del tsunami con alturas de ola de hasta 2 metros con oscilaciones del nivel del mar con periodo de 1 hora hasta por 12 horas. El nivel de la marea estaría ligeramente por debajo de la marea media por lo que se estimaba que el tsunami sobrepasaría con 1 metro el nivel de la marea más alta. Se recomendaba sacar las embarcaciones de los puertos para fondearse en la Bahía Guerrero Negro y Puerto San Carlos, BCS. 

Se estimaba que a las 12:44 (hora del centro) el tsunami arribaría con alturas de ola de hasta un metro con oscilaciones del nivel del mar con periodos de 1 hora en Puerto Vallarta, Jalisco y de 30 minutos en Manzanillo, Colima, hasta por 12 horas y en Lázaro Cárdenas, Michoacán donde se esperaban fuertes corrientes.

En Acapulco, Guerrero, se esperaba el tsunami a las 13:44 (hora del centro) con alturas de ola de hasta un metro con oscilaciones del nivel del mar con período de 30 minutos hasta por 12 horas. Se esperaban fuertes corrientes en el puerto, con las mismas recomendaciones, de sacar las embarcaciones mar adentro. 

Para los puertos de Salina Cruz, Oaxaca y Puerto Madero, Chiapas, la hora de arribo se consideraba a las 14:44 (hora del centro) con alturas de ola de hasta un metro con oscilaciones del nivel del mar con periodo de 30 minutos hasta por 12 horas. 

El tsunami llegó a Ensenada en un lapso de 11 horas 20 minutos con alturas de 70 cm sobre el nivel de la marea. Las oscilaciones del nivel del mar propias del tsunami continuaron a intervalos cortos de tiempo, de aproximadamente 60 minutos, repitiéndose por más de 12 horas a partir del arribo del tsunami. (Ortiz y Ortiz, 2021)

En la fig. 4, se presenta la serie de registros del nivel del mar con anomalías causadas por el tsunami de Tohoku, Japón, que produjo las anomalías del nivel del mar con una amplitud de hasta 3,22 m en la estación de Zihuatanejo ubicada a 10,909 km de la fuente de origen del tsunami. Es importante señalar que la duración promedio fue de 70 horas, considerando todas las estaciones que registraron este evento (mínimo y máximo observado) en la costa del pacífico mexicano (Zavala et al., 2020)

Fig. 4.  Serie de registros del nivel del mar con anomalías causadas por el tsunami de Tohoku, Japón (izquierda) Nivel del mar (azul), señal filtrada de paso bajo (negro). (derecha) Residuos (verde). CHP (Puerto Chiapas), SCZ (Salina Cruz), HUA (Huatulco), ANG (Puerto Ángel), ACP (Acapulco), ZHT (Zihuatanejo), LCR (Lázaro Cárdenas), VLL (Puerto Vallarta), MZN (Mazatlán), PAZ (La Paz). La línea roja indica la hora del terremoto. (Zavala et al.,2020) 

3.-Situación a 15 años (marzo de 2026)

El 11 de marzo de 2011 quedó marcado en la historia moderna por el gran terremoto del este de Japón (magnitud 9.1) y el posterior tsunami, un desastre que, se recuerda tanto por la profunda tragedia humana y nuclear como por el cambio de paradigma global en la gestión de riesgos. El evento demostró que la preparación no puede ser estática.

Aprendizaje global: El desastre forzó a reconsiderar las defensas costeras, el uso del suelo y la planificación urbana, adoptando el enfoque de «reconstruir mejor» (Build Back Better).

Tecnología y Alertas: La necesidad de alertas más rápidas llevó a mejoras en los sistemas de detección submarinos y en tiempo real, vitales para países con alta sismicidad como México. En donde también en el pasado se han registrado tsunamis de origen local (menos de 100 km de distancia) y que a su vez se han convertido en tsunamis regionales (no más de 100 km de distancia)  

Lecciones de resiliencia: La experiencia japonesa resalta que las alertas tempranas deben ir acompañadas de una cultura de preparación comunitaria (conocida en Japón como Bōsai Bunka), donde la educación y los simulacros son fundamentales para la respuesta inmediata.

4.-Relevancia para México y comunidades costeras.

Este evento que fue desgracia de un país, pero beneficio de otros, ya que impulsó a los sistemas de monitoreo y alertamiento temprano ante los tsunamis en todo el Pacífico, México entre ellos y en lo particular promoveré hasta donde este mi alcance, que las comunidades costeras estén mejor preparadas ante el peligro que representan los tsunamis, reduzcan su vulnerabilidad y sean más resilientes cuando ocurra este fenómeno natural perturbador de origen geológico, como así lo considera la Ley General de Protección Civil (LGPC, 2012).

La vulnerabilidad se reduce mediante la combinación de estructuras de protección (muros, bosques costeros) y crucialmente, medidas no estructurales como mapas de riesgo precisos, rutas de evacuación claras y educación continua.

 La experiencia demuestra que la preparación, incluso 15 años después, debe seguir evolucionando ante el peligro sísmico, del cual nuestro país, enfrenta un reto permanente por su alta actividad tectónica.

5.-Fuentes consultadas 

– CICESE, 2011. Informe del Tsunami del 11 de marzo del 2011 en la costa occidental de México. Inédito. 5 pp.

– Cruz Atienza V. M. 2015. Los sismos. Una amenaza cotidiana. La caja de cerillos ediciones. Primera Reimpresión, México. Págs. 24, 39-40.

– Earth Observatory of Singapore, 2011. The great East Japan (Tohoku) 2011 earthquake: Important lessons from old dirt.  Disponible en https://earthobservatory.sg/news/great-east-japan-tohoku-2011-earthquake-important-lessons-old-dirt

– Ortiz M, Ortiz L. 20221 Tsunamis en la Costa Occidental de México y en el Mar de Cortés. CICESE.113 pp. https://www.cicese.edu.mx/

– Zavala-Hidalgo J., Trujillo-Rojas K., Gómez-Ramos O., Zarza-Alvarado M., Hernández-Maguey F., Gutiérrez-Quijada V. (2020) Tsunamis in the Mexican coasts during the period 2009-2018 and their behavior, Coastal Engineering Journal, 62:3, pp. 429-444 Published online: 28 April 2020. https://doi.org/10.1080/21664250.2020.1744062

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *